El cacao y las mujeres de Tucupí

Un casual comienzo

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En las afueras de Palos Blancos en Alto Beni (La Paz, Bolivia), a aproximadamente una hora de distancia de este centro poblado, se encuentra la comunidad de Tucupí.

Entre las personas habitantes de esta comunidad, se encuentran 15 mujeres que no han dejado de luchar por un sueño denominado AMET, la primera asociación de mujeres productoras del lugar.

La Asociación de Mujeres Emprendedoras de Tucupí (AMET) fue fundada  por 24 mujeres productoras de la comunidad del mismo nombre un 27 de mayo (día de la madre en Bolivia) cuando se encontraban conversando entre amigas sobre sus actividades y familias. Ahí surgió la idea de formar una asociación dónde las mujeres sean las líderes y puedan generar más ingresos para sus hogares.

Es así como Carmen Apo de 37 años asume la Presidencia y AMET comienza con sus actividades, organización y decisión de lograr que este emprendimiento sea exitoso.

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4 años más tarde, en 2015, Carmen decide contactarse con la ONG Soluciones Prácticas y presentar el perfil de la asociación. “Ya cuando hemos tenido el primer encuentro con Efrain (Responsable de proyecto), nos ha interesado, he convocado a una reunión a la Asociación, hemos entrado en un acuerdo y hemos dicho: ¡Sí, entraremos!”, cuenta Carmen, sobre una convocatoria que lanzó esta organización de cooperación técnica internacional para involucrar la participación productiva de mujeres aprovechando el interés y apoyo de Christian Aid.

A seis años de su fundación, algunas de sus miembros han dejado la Asociación, pero 15 de ellas han fortalecido su determinación. Trabajan arduamente para incrementar sus ingresos y así también poder aligerar el duro trabajo que representa el cuidado del chaco o de sus parcelas productivas, a lo que se suma las actividades reproductivas de las mujeres (el cuidado del hogar, la familia).

Con el inicio del proyecto “Mujer y Bosque” implementado por Soluciones Prácticas en alianza con Christian Aid, AMET comienza también con sus proyectos, entre los cuales se encuentra el de mejorar los procesos de post-producción del cacao, producto estrella de este municipio que  es cultivado bajo sistemas agroforestales, también con apoyo de estas dos instituciones. Posteriormente el proyecto Mujer, resiliencia productiva y mercados, afianzaría este proceso.

El sueño del secador comienza a ser una realidad

Justo en el centro del terreno de esta Asociación, se alza un secador de cacao, tecnología hibrida que mezcla energía solar y electricidad para facilitar el secado del cacao y de esta forma incrementar la ganancia por la venta de este producto a la Cooperativa El Ceibo (exportadora internacional de uno de los mejores chocolates de Bolivia) u otros compradores.

Esta innovación tecnológica, busca que el proceso de secado de cacao sea uniforme y más rápido, haciendo que las condiciones de temperatura se mantengan constantes con la finalidad de deshidratar el cacao en menor tiempo, sin que pierda su calidad organoléptica e inocuidad alimentaria. De hecho este secador permite reducir, de 6 a 3 días, el secado de un quintal de cacao, eliminando la posibilidad de contaminación del producto por la presencia de insectos, heces de animales menores y presencia de tierra, así como la pérdida por secado defectuoso y/o presencia de moho.

Cacao y tablero de control

Este secador está compuesto por extractores de aire húmedo semi-tratado, a través de un proceso de des-humidificación del mismo por el contacto con los termo-ventiladores y el efecto invernadero. El aire reingresa por un sistema de retroalimentación que condensa la humedad restante logrando con ello optimizar el uso de energía eléctrica.

En su interior se pueden apreciar dos mesas metálicas, grandes, sobre las cuales se seca el cacao, y un panel que controla el funcionamiento de la secadora, de manera eléctrica o con la luz solar y que es manejado con total familiaridad por este grupo de emprendedoras.

Algunas asociadas son también miembros de la cooperativa de  El Ceibo, y es a partir de los estándares de calidad que esta empresa tiene, que AMET recalca su necesidad de producir un producto con ese nivel para poder venderlo. El secador es la herramienta que las está ayudando a llegar a ese estándar y por ello se ha convertido en su principal proyecto. Con él están incrementando el precio de venta de su cacao por su proceso de deshidratación y por una menor pérdida del producto (que en la zona además es reconocido por el aroma y el sabor); lo cual les permite un margen de ganancia considerando el costo de uso de la electricidad.

Además están preparando un plan de negocio pues quieren ofertar este tipo de secado como un servicio, con un costo mínimo, para otras personas productoras de cacao en su comunidad y otras comunidades vecinas, este ingreso permitirá pagar la electricidad pero además generar un ahorro para la Asociación: “Queremos prestar servicio a la población para las personas que quieran hacer sus secados”, aseguró Rosalba Vargas (42), parte de las integrantes de AMET.

La construcción ha sido larga y ha involucrado varios días de trabajo de las mujeres, de sus familias y del equipo técnico de Soluciones Prácticas, pero las señoras de AMET se mantuvieron inquebrantables hasta terminarla confiadas en los beneficios que comienzan a surgir.

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Se han planteado también la idea de utilizar el secador para la deshidratación del café y otras  especies que cultivan como el plátano, la piña, los cítricos ya que al ser Tucupí una zona tropical la producción de estos alimentos es constante y por lo tanto abundante, por lo cual muchas veces, se echan a perder; es así como surge esta idea y así producir un producto propio de AMET.

“Queremos deshidratar también fruta. Tenemos fruta que se echa a perder porque no podemos vender y queremos también aprovechar de esa manera el secador. Queremos diversificar nuestra producción, vamos a empezar a hacer pruebas”, menciona Vargas durante una exposición nacional para ONU Mujeres, sobre mujeres, emprendimientos y energía sostenible.

De sus desafíos

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Desde sus inicios AMET se ha visto enfrentada a una serie de retos y desafíos. Uno de los más importantes ha sido incentivar a sus miembros a ser líderes y a dejar la sumisión y timidez de lado para expresar sus opiniones e ideas sin vergüenza, ni temor, este proceso pasa por la necesidad de empoderarse y organizarse para poder ser una estructura aún más sólida.

“Yo quiero que las señoras sean líderes, que se capaciten en liderazgo, por eso también nos hemos organizado”, admite Carmen y está segura de que poco a poco las mujeres están logrando este objetivo.

Ha sido un importante paso el que han dado, ya que es la primera
Asociación de mujeres que existe en la comunidad, pero que además está reconocida legalmente, ya cuentan con una personaría jurídica.

Sin duda han conseguido empoderarse económicamente, esto sumado a su voluntad y trabajo les otorga un reconocimiento comunal, que lamentablemente todavía es difícil conseguir bajo el rostro de mujer. “Nosotras queremos demostrar que como grupo de mujeres, nosotras podemos seguir adelante”, menciona con firmeza y determinación Rosalba.

En Tucupí también existen otras asociaciones de mujeres que están comenzando a seguir el ejemplo de AMET como resultado de la imagen que esta Asociación proyecta en la comunidad y el incentivo en el que se ha convertido para otras señoras. Demostraron que el esfuerzo y trabajo en equipo, y en casi todos los casos con el apoyo de sus familias, traen consigo grandes recompensas.

 

Por: Adriana Delgado y Mónica Cuba

 

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