La luz de su sonrisa: la historia de Luciano Saya en Ccollana, Livitaca.

“Allillanchu Papay (¿cómo estás, papito?)”, le digo poniendo en práctica las lecciones breves de quechua que en el camino me compartiera Renzo, el guía y traductor que nos acompaña. “Allillanchu cashanqui”, me responde con una sonrisa y al parecer un tanto extrañado mirando la barba rala que llevo. Su espontaneidad y carisma me transporta al recuerdo de mi abuelo y a las largas conversaciones en su casita cerca al lugar conocido como “el chorro” en mi distrito.

29512755_2051345761777012_3919520365055397865_n

Luciano tiene 81 años, natural de la comunidad de Ccollana, distrito Livitaca, provincia Chumbivilcas al suroeste del Cusco. Hace un año aproximadamente instalaron en su vivienda un panel solar de 100Wp. Por primera vez su vivienda se alumbró con energía eléctrica. Nuestra conversación gira en torno a ello, y me comenta que pronto le tocará iniciar su pago mensual de tarifa por este servicio; “willanacuy ingeniero (es un comunicado del ingeniero)”, logro entender parte de su diálogo, que es una mezcla entre su hermoso quechua y el castellano.

Mensualmente pagará aproximadamente diez soles, que es solo una parte de la tarifa. Mediante el Fondo de Compensación Social Energético (FOSE), el Estado subvenciona hasta el 80% de dicha tarifa. El FOSE se financia mediante un recargo en la facturación en los cargos tarifarios de potencia, energía y cargo fijo mensual de quienes vivimos en las ciudades, pago del que probablemente no todos estamos enterados, y que realizamos cada mes como parte de nuestro recibo de “luz”.

Siento que la alegría de Luciano de tener “luz” se ve algo frustrada cuando me habla de sus aspiraciones. Ahora tiene el interior de su casa iluminado, pero le gustaría usar una esquiladora para aprovechar mejor la fibra de sus alpacas, o para convertir la fibra en hilo y poder obtener así mayores ingresos, así como poder usar una licuadora o poner un televisor en su pequeña bodega. Con ello confirmo que el análisis económico de este tipo de proyectos no alcanza a la economía de Luciano, la misma que sí profundiza en la rentabilidad que el Estado debe asegurar a las empresas distribuidoras y administradoras de electricidad. Son momentos en los que todas las teorías relacionadas al desarrollo rural no alcanzan para dar una explicación a alguien que ha identificado claramente las limitaciones sobre su propio desarrollo. Con una pausa en el diálogo, surge únicamente un inevitable suspiro.

25372904469_5fcd868ed8_z

Hablamos de política y su decepción es común, como sucede en cualquier rincón del país. Entre otros, sus relatos se relacionan al recuerdo que tiene del tiempo de las haciendas, de la reforma agraria y, como buen chumbivilcano, le es inevitable hablarme de su carnaval. Le muestro mi interés por la música y le menciono entre otras canciones una que me gusta en particular, a lo cual me responde cantando con su envidiable quechua: “Mayu mayunta purishani chalwaschallay (por los ríos, por los ríos voy caminando, pececito) / Manañam tupanchisñachu, chalwaschallay, challwaschallay (ya no nos encontramos, pececito, pececito)”.

Una mezcla de alegría y melancolía me invade, aquella que uno siente al despedirse de alguien muy querido con la esperanza de volverlo a ver. Avanzamos en el trayecto, de fondo la melodía de un huayno sureño interpretado en guitarra parece bordear las montañas de Livitaca (Cusco) y su tono menor hace aún más especial la despedida, mientras la conversación inevitablemente se centra en las dificultades que tiene la gente y su fortaleza para seguir adelante a pesar de las contrariedades, soñando como todos con un futuro mejor para sus hijas e hijos.

20180314_082843[1]

Es difícil enumerar las veces que me he sentido afortunado por presenciar o ser parte de cambios importantes en la vida de la gente, como cuando por primera vez se enciende un foco en una casa humilde, o cuando por primera vez alguien se sumerge en el mundo virtual gracias a la tecnología.

Pero también han surgido momentos como el vivido con Luciano en Livitaca, de silencios sin respuesta a sus preguntas aparentemente sencillas como ¿por qué él y sus vecinos no pueden usar una esquiladora u otros equipos con la energía que el proyecto de electrificación les ha dado?, ¿por qué quienes diseñaron el proyecto no pensaron en eso, si solo así las familias podrían mejorar su economía?; silencios sin respuesta que posiblemente delata (hasta cierto punto) nuestra complicidad como ciudadanos y organizaciones, de aceptar políticas públicas desarticuladas de la realidad, en nombre de la “rentabilidad” y “sostenibilidad” de los proyectos. Momentos como esos son también los que al mismo tiempo dan sentido a mi paso por Soluciones Prácticas.

Escrito por:  Benito Ramirez, Programa Energía, Infraestructura y Servicios Básicos de Soluciones Prácticas

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s